Archive for Literatura

Tus manos son mi caricia

Muere Mario Benedetti, una de las personalidades más destacadas de la literatura en lengua castellana de la última mitad del siglo XX.

Muere Mario Benedetti

Hagamos un trato.

Te quiero.

Ser y estar.

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[Libro] Eduardo Galeano – Espejos

Este es uno de los libros más originales que han caído últimamente en mis manos. La idea, a decir verdad, no es absolutamente original, porque ya nos la encontramos en formato audio en los fantásticos pasajes de la Historia de J.A. Cebrián, que en paz descanse, y en formato escrito en otros libros de Historia subdivididos en capítulos cortos. Pero en este caso, Galeano aporta su magnífico estilo literario mezclando la Historia y la lírica en estos episodios universales que es Espejos.

La intención del libro es desempolvar la Historia oculta de los países y minorías menos poderosos, haciendo hincapié en la situación histórica de las mujeres y los hombres de raza no blanca.

El libro deja cierta sensación agridulce: el principio es apacible, lleno de mitos griegos y asiáticos, referencias a la Biblia y a la cultura egipcia. Pero, como se avisa en la portada, esta es “una historia casi universal”. Es decir: es una historia de las atrocidades de occidente (muchas ha habido) y las virtudes del resto. No es desde luego una historia de las atrocidades del resto (muchas hay) y las virtudes de occidente. Galeano nos recuerda al principio que la historia del mundo es la historia de occidente, de los poderosos, y desde luego que él lo cumple a rajatabla: Inglaterra, Francia, EE.UU., España, Alemania, Japón, China e India aparecen nombrados más de un centenar de veces en el libro, directamente o a través de personajes nativos; de Somalia, Mali, Indonesia, Chad, Malasia o Birmania, por ejemplo, nada se sabe. Oceanía es un punto negro en el mapa. Sin irse tan lejos, de Rumanía, Serbia o Lituania, por dar algunas al azar en Europa, no existen para el autor.

Eduardo Galeano se dedica a la venta profesional de libros y, ocasionalmente, al alquiler de opinión en formato audiovisual (no es, por cierto, historiador). No sabemos qué hardware o software utiliza para este cometido, pero en el libro no hay una sola referencia al inventor de la imprenta, de la máquina de escribir o pioneros del procesador de textos. No hay pasajes dedicados a matemáticos, científicos o inventores occidentales, salvo algunas excepciones que se ganaron el puesto yendo en contra de la Iglesia católica. (Honestamente, ha habido más mentes en Europa que Giordano Bruno y Galileo.) En las escasas ocasiones en que se habla de científicos occidentales, como con Edison, Tesla y Flemming, mete la pata. De otros como Aristóteles o Zola sólo nombra citas machistas y no, por ejemplo, la lucha contra el sistema judicial francés que libró este último. Eso sí, se declara íntegro el elenco de descubrimientos que los orientales o indígenas americanos conocían antes que los occidentales.

No hay referencias en el libro. Galeano se excusa diciendo que ocuparían demasiado espacio, lo cual es una excusa flojilla teniendo en cuenta otras obras mucho más extensas y debidamente documentadas. Así que en lugar de salvar las imprescindibles, es decir, las citas personales y las cifras (algunas cuesta mucho creerlas), las borra todas y se lava las manos. Por desgracia ya hemos comprobado en otras obras que la rigurosidad bibliográfica de Galeano lo pone a la misma altura de autores a los que él mismo seguro abominaría por esta misma razón.

En general, el libro está lleno de imprecisiones o de maquillajes, como contar el intento de suicidio del hijo Stalin en lugar del episodio realmente trágico entre ellos. Galeano reserva un pasaje a la información objetiva, lo cual, ya al final del libro y después de haber leído todo lo anterior, suena a broma pesada.

Pero hay que ser totalmente justo con el libro: de él se aprende, tanto de estilo literario como de Historia. Cita personajes dejados absolutamente por los libros escolar y episodios poco conocidos. Es un libro iconoclasta y nos sirve para aprender a abusar menos de las falacias ad verecundiam conociendo los defectos y algunas barbaridades que dijeron o hicieron personajes ilustres (e incluso de las inexactitudes del libro del que se supone un gran autor). Con sus defectos, el libro es magnífico y aprovechable. Acaso debiera llevar un disclaimer como las cajetillas de tabaco, advirtiendo que creeérselo todo puede perjudicar nuestro sentido crítico.

Por lo demás, absolutamente recomendable. He aprendido mucho.

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Fonética en 5 párrafos

Dentro de los idiomas indoeuropeos hay dos lenguas de estudio habitual cuyo sistema fonético es horripilante. (O más precisamente la transcripción escrita de los fonemas.) Uno es el francés y el otro, quizás por influencia de éste, el inglés. En el resto (no los conozco todos) se lee como se escribe (con sus excepciones) y no supone un problema para el aprendiz hispanohablante.

Así que los hispanohablantes que aprenden inglés o francés de libro o en el colegio se suelen topar de bruces con la amarga realidad cuando llega el momento de iniciar una conversación con un nativo: los 8 años de clases sirven de poco cuando la pronunciación y la comprensión oral es nula, pues otro problema que tenemos es la pronunciación a la española de muchas palabras inglesas o francesas de uso común, incomprensible para el nativo. Métodos para superar esto hay muchos, como potenciar las clases audiovisuales en los colegios o contratar más profesores nativos (yo nunca tuve uno). 

En el colegio y en la mayoría de manuales de idiomas que manejo, por alguna razón que desconozco, no se enseña la herramienta que con menor esfuerzo (entiendo que los profesores nativos son caros) se puede paliar en mayor medida este problema: enseñar la transcripción fonética, o más concretamente el alfabeto fonético internacional (AFI en español o IPA en inglés). Conociendo el IPA podemos consultar en un diccionario con transcripción fonética la pronunciación correcta de una palabra que, de otro modo, sólo podríamos adivinar. Los usuarios de Macintosh tienen a su disposición el diccionario americano de Oxford, para inglés, en la aplicación Dictionary. Los usuarios de Windows o Linux tienen otros diccionarios IPA on-line disponibles o en papel, como el de la imagen (el de Collins). También nos encontramos el IPA en muchas transcripciones de nombres en la Wikipedia, lo que nos ayuda a saber, por ejemplo, que Genghis Khan no se pronuncia “Jenjis Kan” sino “Chinguis Jan”.

Para aprender el IPA es poco recomendable empezar a memorizar la tabla de sonidos. Lo que interesa es ser capaz de leer la transcripción de una palabra y por lo general la transcripción fonética coincide con la letra que debemos pronunciar. Vamos a ver un ejemplo, en la palabra inglesa pronunciation tenemos:

|prənʌnsɪˌeɪʃ(ə)n|

Las dos barras nos marcan que estamos transcribiendo los fonemas en IPA; el apóstrofe en la base nos dice en qué sílaba estará el estrés acento de la palabra (sobre eɪ en este caso, o sea pronunciAtion); por su parte, los parentesis expresan que la pronunciación de un fonema es opcional o varía según el área. Del resto, sólo hay tres símbolos que no reconocemos de primeras: əʌʃ. Es ahora cuando debemos consultar un diccionario de audio (francés) para saber cómo se pronuncian, o bien podemos ver un ejemplo de palabra con ese fonema en una guía de referencia y utilizar una herramienta como Forvo para obtener una pronunciación nativa o usar un diccionario auditivo con todos los fonemas: ʌ es una a algo más cerrada que la española (en español cada vocal tiene una pronuciación posible, mientras que otras lenguas peninsulares, como el gallego y el catalán, tienen en algunos casos dos posibilidades de apertura para algunas vocales). ʃ es una ese como en “Schweppes” o en gallego “Muxía”. ə es una e neutra pronunciada en inglés en la combinación de cualquier vocal con la letra erre, también existe en francés y es una e española algo más cerrada. Tenemos así que la palabra inglesa pronunciation se pronuncia algo así como “prenansiEIshn”, con una e y una a algo más cerradas de lo habitual, y no “pronunsiashion” que es la pronunciación a la española habitual.

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