Fusión fría y fisión

Existen dos formas de generar energía nuclear. La primera, la que se usa, es la fisión nuclear, que como su propio nombre indica consiste en escindir un átomo en dos con la consiguiente liberación de energía en el proceso. Se suele tomar un átomo que esté bien foca, por ejemplo el uranio que tiene una masa atómica de 238 gr./mol, o el plutonio, que la tiene de 244 gr./mol. Estos átomos se ametrallan con neutrones hasta que el átomo baja los brazos y se parte en dos. Aunque la energía nuclear producida por fisión es mucho más ecológica que la combustión de carbón (y sobre todo más segura para los mineros), tiene algunos inconvenientes: las balas que quedan por el suelo tras el fusilamiento son inestables y difíciles de manejar (y sobre todo, de decidir qué hacer con ellos).

Otra opción mucho mejor es la contraria, es decir, la fusión, que como es obvio consiste en fundir dos átomos pequeñitos para conseguir uno gordo. En la reacción, la masa atómica del átomo resultante es menor que la suma de los anteriores, con lo que se libera energía (en concreto, se libera esa diferencia de masa multiplicada por la velocidad de la luz al cuadrado). Como los átomos que se utilizan son más pequeños, la cantidad de neutrones residuales es mucho menor, y el hidrógeno (masa atómica 1) es mucho más abundante que los materiales utilizados en fisión. O sea: es mucho más limpia y barata que la fisión nuclear.

Ahora vienen las malas noticias: este tipo de reacción es sólo posible a temperaturas y presiones insultantemente altas, las que se dan en el centro de las estrellas. Como en los laboratorios de la Tierra no se tienen estrellas a mano para utilizar, el obtenimiento de energía por fusión nuclear no es posible todavía.

Aquí entra el concepto de fusión fría, de la que se está hablando mucho estos días. La fusión fría no es ni más ni menos que la consecución de energía por fusión nuclear a temperatura ambiente. Los intentos por conseguirlo ya se iniciaron hace 20 años, incluyen un escándalo en Nature, y va camino de convertirse en algo así como otra carrera por el móvil perpetuo visto la cantidad de intentos de fraude. Estos días el científico japonés Yoshiaki Arata ha anunciado que lo ha conseguido. Su experimento lo cuentan en Tamiz. Por fortuna, en ciencia no basta con ser Yoshiaki Arata (una eminencia en su país y fuera de él) para que la gente se crea lo que dice, así que el experimento se espera que será replicado por otros equipos en otros laboratorios. Además la comunidad parece ser escéptica con respecto a los resultados.

Actualizaremos este post cuando tengamos más datos.

The comment form is closed.