Archive for Abril, 2008

El método científico (III). Ciencia y pseudociencia

El siguiente texto ha sido extraído de unicistas.com y comentado por El Pelopódromo. Entre paréntesis en rojo se señalan algunos rasgos propios que permiten diferenciar un texto pseudocientífico de uno que no lo es. Como opinión personal, simplemente el estilo narrativo (muy descuidado) es suficiente en muchos casos para darse cuenta del engaño. Hemos elegido un texto sobre homeopatía por ser una pseudociencia muy comentada en este blog. Por supuesto, la misma tecnología de detección se puede aplicar a cualquier otra: astrología, creacionismo, cienciología, móviles perpetuos, numerología, espiritismo y parapsicología, ufología, etc.

Disfruten.

LA HOMEOPATÍA ES UNA CIENCIA

La Medicina alopática (medicina convencional) es la ciencia y arte que busca prevenir ,tratar y curar las enfermedades mediante el uso de drogas “diferentes”. Si hay dolor, da un “anti” dolor, ataca solo las consecuencias, nunca las causas.
La HOMEOPATÍA es la ciencia y el arte que previene, trata y cura las enfermedades teniendo en cuenta el uso de sustancias o medicamentos “similares”. Trata a fondo los desequilibrios, no solamente a un nivel físico, sino también a un nivel emocional (anímico). Cubre las consecuencias (síntomas) y las causas entendiendo que la persona es única e indivisible. En tal sentido no existe subespecialidad alguna.
Considera que las defensas naturales del organismo son capaces de superar la mayoría de las enfermedades.
La Medicina Homeopática es una medicina de tipo energético (5), en la cual se toma al individuo como un ser único y particular, que es capaz de sentir y percibir por si mismo sus trastornos, ya sean de orden psíquico o físico en una forma particular, motivo por el cual considera a la enfermedad desde un enfoque distinto al de la medicina farmacológica oficial.
La medicina farmacológica o alopática no cumple con esta característica (1), puesto que fomenta la existencia de especialidades e incluso sub-especialidades de una especialidad (Ej.: Medicina Interna con Hepatología, cardiología, oftalmología con retinología, etc.).
Ello implica que la medicina convencional “disgrega” al hombre como un ser total e integral, sin tener en cuenta que se trata de una unidad bio-psico-espiritual (5) , quien puede sufrir tanto de uno como de otro plano. Por este motivo pierde una gigantesca fuente de información, ya que se distrae en “el árbol”, sin tener en cuenta “el bosque”.
En la Homeopatía, el objetivo es estimular o restablecer, con los medicamentos, este potencial excepcional de salud que existe en cada Ser Humano.
Dos elementos son fundamentales en su método:
1. La similitud entre una sustancia y el cuadro a tratar.
Determinadas sustancias, utilizadas en dosis ponderables, provocan síntomas en una persona sana mientras que utilizadas en dosis muy bajas o infinitesimales (4) pueden curar estos síntomas en una persona enferma.
2. La individualización del tratamiento. La homeopatía se caracteriza, también, por la individualización del tratamiento. Ello significa que para un clínico homeópata, no hay enfermedades sino enfermos (8 ). El método homeopático necesita conocer todos los síntomas del paciente tanto los relacionados directamente a su enfermedad como los que indican su reacción individual ante esa misma enfermedad.
Para tratar las enfermedades se utilizan los llamados medicamentos homeopáticos los que se fabrican a partir de sustancias de origen natural: vegetal, mineral, animal. Estas sustancias básicas están altamente diluidas, según el método homeopático, lo que explica el carácter menos tóxico de estos medicamentos, debido a la escasa cantidad de sustancia activa presente (2).
Se considera que un medicamento es homeopático, cuando es capaz de provocar sobre un individuo sano y sensible, un conjunto de síntomas, característicos y propios de dicho remedio, y de curar a un individuo enfermo quien tenga los mismos síntomas que las que provoca sobre el individuo sano.
Por lo tanto, en el primer caso se trata de inducir al organismo a una enfermedad de tipo artificial; por lo contrario, en el segundo se trata de curar una enfermedad natural del individuo.
Cuando se estudian los medicamentos a dar, se establece una experiencia científica (6), en tal sentido los efectos son capaces de ser repetidos una y otra vez, experimentando en voluntarios sanos (8 ).
La pregunta es: qué es más científico, experimentar con animales, dividiendo el estudio en órganos y sistemas, o tener en cuanta la TOTALIDAD de la persona, haciendo estudios exclusivamente en seres humanos (6).
El medicamento homeopático contiene la información necesaria y suficiente para que una persona retome el equilibrio perdido. Esa información coincide con la información desviada a ser tratada (enfermedad), por el principio de la similitud, y de dicha coincidencia surge el efecto: la curación.
Ninguna otra forma de tratamiento médico es tan específica y profunda como la Homeopatía.
Esta información biológica también la conocemos como “información celular” o “memorias virtuales celulares” (4) y que es el mecanismo que permite a toda célula del organismo, ejecutar su función según el Programa original que le dio la Naturaleza (5).
El mejor ejemplo de esta energía informada, es el material genético (4), es que no solamente es un elemento transportador de caracteres, sino que todo un complejo de información.
Otro ejemplo similar fácil de comprender porque puede verse físicamente son los llamados “chips de memoria” de los computadores. Ello explica que el tamaño físico no siempre guarda relación con la capacidad real operativa. (4)
La energía emitida por la partícula homeopática (5), ha demostrado gran potencia en las fotografías Kirlian. Su radio de acción es mayor que la emitida por una partícula farmacológica del mismo producto.

LAS PSEUDOCIENCIAS:
(1) Descalifican las críticas por parte de las ciencias, a menudo, utilizando falacias ad hominem, aduciendo conspiraciones o proclamándose objeto de persecución cuando sus planteamientos son rebatidos
(2) No aplican una metodología de carácter científico.
(3) Proclaman teorías para las que no aportan pruebas empíricas, que a menudo contradicen abiertamente resultados experimentales conocidos y aceptados por las ciencias bien establecidas.
(4) Utilizan lenguaje científico pero sólo en apariencia, desconociendo o malinterpretando su significado.
(5) Invocan entes inmateriales o sobrenaturales inaccesibles a la investigación empírica, tales como fuerza vital, creación divina, inconsciente metafísico, necesidad histórica, etc.
(6) Proclaman y exigen que se reconozca su carácter científico, pero sólo ante el público general, renunciando a poner a prueba sus explicaciones ante la comunidad científica establecida. El hecho de reclamar estatus científico las diferencia de otras actividades como las religiones
(7) Son inmutables. Al no tener bases experimentales, no cambian incluso ante nuevos descubrimientos.
(8 ) Proclaman teorías inconexas con los conocimientos y teorías de la ciencia.

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El método científico (II). Teorías y leyes

“La teoría de la evolución no es más que eso, una simple teoría“.

Estas palabras podrían ser puestas en boca de muchos creacionistas que intentan desacreditar las teorías evolucionistas propuestas por Charles Darwin y que tienen mucho éxito en algunos países como Polonia o los EE.UU. Pues bien, aclaremos algunos conceptos:

  • Una hipótesis es una proposición que no ha sido comprobada todavía empíricamente, y que intenta describir o justificar un sistema o fenómeno. Debe pasar un periodo de pruebas antes de ser validada. Por ejemplo, cuando se nos para el coche en mitad de la carretera podemos plantear las siguientes hipótesis: se nos ha acabado la gasolina, el motor ha gripado, Dios ha decidido que mi coche se pare. Algunos indicios o pruebas nos harán ir descartando algunas hipótesis y prefiendo otras. Ver humo saliendo del capó en el ejemplo nos haría inclinarnos por seguir investigando la segunda de las hipótesis. Es difícil encontrar algún indicio para la tercera hipótesis.
  • Una teoría científica es una explicación o descripción científica a un conjunto relacionado de observaciones o experimentos que han sido verificados. Se basa en una hipótesis sometida a experimentos por un grupo de científicos. Para que una hipótesis se convierta en teoría tiene que pasar un riguroso proceso de experimentación.
  • Por último, una ley es una relación entre dos o más variables demostrada empíricamente. Por ejemplo la ley de gravitación de Newton relaciona fuerzas de atracción entre cuerpos con sus masas y distancia entre ellas. Debido a que es una relación directa entre variables, una ley tendrá casi siempre una fórmula matemática asociada (cosa que no sucede en una teoría).

Una teoría, una vez respaldada condebidamente, nos permite hacer predicciones sobre ella. También lo permiten las leyes, y por ejemplo la ley de gravitación fue lo que permitió el descubrimiento de Neptuno cuando los aparatos de la época no era lo suficientemente potentes para visualizarlo. Además, una teoría es indemostrable matemáticamente; eso no quiere decir que sea necesariamente falsa. No nos dejemos engañar por sus nombres: una ley tampoco es infalible. De hecho con la llegada de Einstein aprendimos que Newton estaba equivocado, y con la llegada de la mecánica cuántica supimos que a su vez Einstein también lo estaba. O, para ser exactos, las leyes de Newton y Einstein se demostraron imprecisas o incompletas bajo algunas condiciones.

Pensemos en la teoría de la evolución, en todas las hipótesis que la conforman y que han sido contrastadas empíricamente a lo largo de muchos años. Nunca ha emergido un indicio que vaya absolutamente en su contra. Así que la próxima vez que oigas aquello de “es sólo una teoría“, ya sabes de lo que están hablando.

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El método científico (I). Hay un dragón en mi garaje

En mi garaje vive un dragón que escupe fuego por la boca.

Supongamos (sigo el método de terapia de grupo del psicólogo Richard Franklin) que yo le hago a usted una aseveración como ésa. A lo mejor le gustaría comprobarlo, verlo usted mismo. A lo largo de los siglos ha habido innumerables historias de dragones, pero ninguna prueba real. ¡Qué oportunidad!

- Enséñemelo – me dice usted.

Yo le llevo a mi garaje. Usted mira y ve una escalera, latas de pintura vacías y un triciclo viejo, pero el dragón no está.

- ¿Dónde está el dragón? – me pregunta.

- Oh, está aquí – contesto yo moviendo la mano vagamente -. Me olvidé decir que es un dragón invisible.

Me propone que cubra de harina el suelo del garaje para que queden marcadas las huellas del dragón.

- Buena idea – replico –, pero este dragón flota en el aire.

Entonces propone usar un sensor infrarrojo para detectar el fuego invisible.

- Buena idea, pero el fuego invisible tampoco da calor.

Se puede pintar con spray el dragón para hacerlo visible.

- Buena idea, sólo que es un dragón incorpóreo y la pintura no se le pegaría.

Y así sucesivamente. Yo contrarresto cualquier prueba física que usted me propone con una explicación especial de por qué no funcionará.

Ahora bien, ¿cuál es la diferencia entre un dragón invisible, incorpóreo y flotante que escupe un fuego que no quema y un dragón inexistente? Si no hay manera de refutar mi opinión, si no hay ningún experimento válido contra ella, ¿qué significa decir que mi dragón existe? Su incapacidad de invalidar mi hipótesis no equivale en absoluta a demostrar que es cierta. Las afirmaciones que no pueden probarse, las aseveraciones inmunes a la refutación son verdaderamente inútiles, por mucho valor que puedan tener para inspirarnos o excitar nuestro sentido de maravilla. Lo que yo he pedido que haga es acabar aceptando, en ausencia de pruebas, lo que yo digo.

Lo único que ha aprendido usted de mi insistencia en que hay un dragón en mi garaje es que estoy mal de la cabeza. Se preguntará, si no se puede aplicar ninguna prueba física, qué fue lo que me convenció. La posibilidad de que fuera un sueño o alucinación entraría ciertamente en su pensamiento. Pero entonces ¿por qué hablo tan en serio? A lo mejor necesito ayuda. Como mínimo, puede ser que haya infravalorado la falibilidad humana.

Imaginemos que, a pesar de que ninguna de las pruebas ha tenido éxito, usted desea mostrarse escrupulosamente abierto. En consecuencia, no rechaza de inmediato la idea de que haya un dragón que escupe fuego por la boca en mi garaje. Simplemente, la deja en suspenso. La prueba actual está francamente en contra pero, si surge algún nuevo dato, está dispuesto a examinarlo a ver si le convence. Seguramente es poco razonable por mi parte ofenderme porque no me cree; o criticarle por ser un pesado poco imaginativo… simplemente porque usted pronunció el veredicto escocés de “no demostrado”.

Imaginemos que las cosas hubiesen sido de otro modo. El dragón es invisible, de acuerdo, pero aparecen huellas en la harina cuando usted mira. Su detector de infrarrojos registra algo. La pintura de spray revela una cresta dentada en el aire delante de usted. Por muy escéptico que se pueda ser en cuanto a la existencia de dragones – por no hablar de seres invisibles – ahora debe reconocer que aquí hay algo y que, en principio, es coherente con la idea de un dragón invisible que escupe fuego por la boca.

Ahora otro guión: imaginemos que no se trata sólo de mí. Imaginemos que varias personas que usted conoce, incluyendo algunos que está seguro que no se conocen entre ellas, le dicen que tienen dragones en sus garajes… pero en todos los casos la prueba es enloquecedoramente elusiva. Todos admitimos que nos perturba ser presas de una convicción tan extraña y tan poco sustentada por una prueba física. Ninguno de nosotros es un lunático. Especulamos con lo que significaría que hubiera realmente dragones escondidos en los garajes de todo el mundo y que los humanos acabáramos de enterarnos. Yo preferiría que no fuera verdad, francamente. Pero quizás todos aquellos mitos europeos y chinos antiguos sobre dragones no eran solamente mitos…

Es gratificante que ahora se informe de algunas huellas de las medidas del dragón en la harina. Pero nunca aparecen cuando hay un escéptico presente. Se plantea una explicación alternativa: tras un examen atento, parece claro que las huellas podían ser falsificadas. Otro entusiasta del dragón presenta una quemadura en el dedo y la atribuye a una extraña manifestación física del aliento de fuego del dragón. Pero también aquí hay otras posibilidades. Es evidente que hay otras maneras de quemarse los dedos además de recibir el aliento de dragones invisibles. Estas “pruebas”, por muy importante que las consideren los defensores del dragón, son muy poco convincentes. Una vez más, el único enfoque sensato es rechazar provisionalmente la hipótesis del dragón y permanecer abierto a otros datos físicos futuros, y preguntarse cuál puede ser la causa de que tantas personas aparentemente sanas y sobrias compartan la misma extraña ilusión.

Carl Sagan. “El mundo y sus demonios“.

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[Cine] Zeitgeist. 2ª parte

El mito del 11-S según Zietgeist: un grupo de gente venida de las cavernas de Afganistán secuestra cuatro aviones, burla las medidas de seguridad del país más poderoso del mundo y comete el mayor atentado de su Historia.

La Verdad del 11-S según Zeitgeist: el Gobierno americano necesita una buena excusa para atacar los países productores de petróleo en Oriente Medio. Así que planea echar abajo las torres gemelas, contrata a un puñado de pilotos kamikazes en alguna web de empleo, por si acaso instala bombas por todo el edificio en ambas torres sin que ninguno de sus trabajadores se entere de lo que están haciendo, y las hace explotar unos minutos después del impacto de los aviones para asegurarse de que cae, además de cortar varias vigas para máxima seguridad. Para darle más realismo, hace caer un avión con varios pasajeros en mitad de la nada, y hace explotar una parte del Pentágono; como no les quedaban aviones disponibles simplemente la vuelan pero dicen de todos modos que fue un avión el que se estrelló, aunque no es cierto. Pierden millones y millones de dólares echando abajo el centro neurálgico de los negocios neoyorquinos, además de matar a 3.000 de sus ciudadanos y tener que costear seguros médicos para los heridos e indemnizaciones para los familiares de los muertos. Luego de todos modos se inventan una excusa distinta para invadir Iraq porque su prurito literario es infinito (esto no lo dicen en el vídeo). Ninguno de los ingenieros, administrativos y agentes de la CIA involucrados en la trama dice ni pío aunque sabe que muchos de sus amigos que trabajan en las torres morirán o, siendo macabros, que podrían sacarse un buen dinerito soplando esto a la prensa. Bueno, o quizás nadie murió y esos tres mil muertos son parte de la trama también. Los sistemas de seguridad fallaron estrepitosamente, a pesar de que 12 países según el largometraje habían avisado a los EE.UU. de un ataque inminente de Al-Qaeda. Estos avisos fueron ignorados porque quien iba a atacar no era Al-Qaeda claro, sino la CIA.

Por suerte toda esta gente americana es una incompetente y ha dejado pruebas del delito por todas partes, así que lo chicos de Zeitgeist, con un cursillo en ingeniería edil comprado por fascículos (como dice Noam Chomsky) y un puñado de fotos y testimonios reconstruye la verdad ofreciéndosela a un precio muy reducido, casi un regalo, al pueblo americano sobre lo que realmente pasó aquel fatídico día. Nos muestran una viga cortada, las explosiones en pisos intermedios, los testimonios de periodistas que pasaron por el Pentágono y no vieron ningún avión, un químico hablando al que no queda más remedio que creer y unos diseños gráficos estupendos sobre la inviabilidad de tirar abajo la estructura de las torres sin una ayudita de TNT y concluyen que aquí se ha producido la mayor conspiración de la Historia de los EE.UU. y aquí nadie se ha enterado salvo ellos y cuatro más.

Sin comentarios.

Otras páginas web se han tomado la molestia de comentar alguna de estas teorías.

(Pequeña anotación sobre el líder de los cavernícolas: es licenciado en Economía; algunas fuentes apuntan a que tiene más de un título universitario; vivió una temporada en Londres, alejado de las cavernas; es miembro de una de las familias más ricas de Arabia Saudí.)

Noam Chomsky acaba de publicar un libro muy interesante que intentaremos comentar en el futuro próximo en el que habla de todas estas teorías de la conspiración. Mientras tanto, en YouTube está disponible una charla en el que Chomsky da su opinión sobre este tema, opinión que compartimos totalmente. Desgraciadamente está disponible sólo en inglés.

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