Por qué flotan los barcos (y II)
Vamos ahora a revisar nuestro post “Por qué flotan los barcos” de una manera menos técnica, con palabras.
Recordemos del post anterior, que, según Arquímedes, las fuerzas de un sólido flotando en equilibrio en un líquido son iguales. ¿Qué pasaría si botásemos un transatlántico de 1 tonelada de peso y un pequeño barco pesquero de 1 tonelada de peso? ¿Desplazarían la misma cantidad de agua?
Fijémonos bien: su masa es la misma. Su peso, por lo tanto, también. La fuerza que ejerce el barco contra el agua (y que por Arquímedes es la misma que experimenta de abajo arriba) es la misma en los dos casos. El peso del volumen del líquido desalojado es por lo tanto el mismo. ¿Desplazan la misma cantidad de agua? Sí. ¿El mismo volumen? Sí. ¿Tienen ambos barcos el mismo volumen? No. ¿Entonces deben desplazan volumenes de agua diferentes? No, no, NO.
La única razón que existe para que dos cuerpos de distinto volumen pesen lo mismo (aparte de colocar al más pesado globitos de helio) es que su densidad sea distinta. Un transatlántico que pese lo mismo que un pesquero tendrá irremisiblemente una densidad menor. Tendrá una superficie de apoyo sobre el agua mayor. Se hundirá mucho menos en el agua. La porción sumergida de ambos barcos será la misma porque las fuerzas que ejercen son iguales.
Recordad esto: las fuerzas ejercidas por el fluído y el barco flotante son iguales. No importa su volumen.
Volviendo a nuestro puente alemán, al ingeniero que lo diseña no debe preocuparle si por encima del agua pasa un barco de 500 kg. o 3 toneladas: se desplaza esta misma cantidad de agua y la estructura no recibe un peso mayor. Eso sí, quizás el calado del barco sea excesivo para el caudal del puente y aquél encalle.
Esto del caudal me recuerda a los vikingos intentando conquistar la península: después de recibir unos cuantos palos en Galicia, bajaron hasta el sur. Sus embarcaciones (los Drakkar) eran muy ligeras, podían navegar ríos (pues tenían un calado reducido). Así subieron por el Guadalquivir por donde llegaron hasta Sevilla. Gracias al dominio de Arquímedes por los ingenieron navales vikingos, Hispalis pudo ser saqueada a su antojo.
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