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Avogadro y la homeopatía

A principios del siglo pasado las faldas eran largas; cualquiera por encima del tobillo era considerada indecente. A mediados de siglo aproximadamente, su área había decrecido hasta la mitad de lo que era, y ya se vislumbraba la base de la rodilla. Se recortó de nuevo hasta quedar por encima de ellas. Y sigue recortándose. Será dentro de poco la mitad de lo que era, y en un tiempo la mitad de la mitad, y en algunos años la mitad de la mitad de la mitad. Las faldas serán cortísimas, pero las mujeres seguirán teniendo algo siempre con lo que taparse.

Aunque algunos pensadores griegos antiguos creían en la divisibilidad infinita, todos sabemos que la paradoja de la minifalda es una falacia: el agua, por ejemplo, se podrá dividir hasta llegar al mínimo estado, la molécula de H2O, cuya división implica que el agua deja de ser agua.

Pues bien, parece que las teorías homeopáticas se quedaron en la Grecia olímpica. Veamos un ejemplo extraído de la clínica Bersant Clinique de tratamientos homeopáticos, clínica que, a pesar del nombre, es chilena:

Dichas experiencias, han permitido por ejemplo, descartar el efecto placebo en la acción biológica y terapéutica de los medicamentos altamente diluidos(2,3,4,5,6), algunos de estos medicamentos, diluidos mas allá del límite molecular, establecido por el físico Avogadro, en los albores del siglo XIX, en 6,02 x 10-23 mol.

(Pequeña nota off-topic: por favor, entre sujeto y verbo nunca va una coma. El resto de errores ortográficos los dejamos pasar.)

¿Más allá del límite molecular? Esto parece sospechoso… echemos un ojo a la teoría: Amadeo Avogrado, italiano, bastante feo pero muy astuto, estableció en el siglo XIX (en esto aciertan los chilenos) que el número de moléculas en un mol (22,4 litros a 0ºC y 1 atmósfera) es 6,023 x 10 elevado a 23. Y no sólo eso, también que volúmenes iguales de cualquier gas a idéntica temperatura y presión contienen el mismo número de molécula, lo que constituye el principio de Avogadro.

¿Qué sucede en las disoluciones homeopáticas? Cedo la palabra a Javier Armentia, especialista en timos de la estampita:

Típicamente, se parte de una porción de una sustancia determinada y se diluye por vez primera en cien veces ese peso (imaginemos 1 centímetro cúbico de esencia vegetal en agua para completar un litro, por ejemplo). Esta disolución es llamada 1C (”un centesimal hahnemanniano). Entonces se le somete a una agitación específica (llamada “sucusión”), y se vuelve a disolver: se toma 1cc y se completa hasta un litro, utilizando agua. En este segundo centesimal (2C) tenemos una parte de sustancia en diez mil de agua destilada. Una vez pasada la agitación, se sigue diluyendo: el 3C tiene una parte en un millón, el 4C una parte en cien millones… Cuando se repite este proceso y se obtiene un 12C (algunos medicamentos homeopáticos afirman diluir hasta 30C) entramos en un serio conflicto con la química. Porque hemos disuelto hasta tener una parte en un cuatrillón, ya es menor que el número de Avogadro.

¿Qué se consigue con esto? Conseguir sólo disolvente (normalmente agua o, en algunos fármacos, alcohol). Y unos efectos, como ha afirmado en varias ocasiones el millón de dólares de James Randi, similares a los de un placebo, similares a los del agua del grifo. Pero la publicidad engañosa y el dinero tienen, desgraciadamente, mucho poder hoy en día.

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